10 de abril del 2026
Hechos 6:1-15
EL FRUTO DE UN BUEN LIDERAZGO
“Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe”. Hechos 6:7
¿Cómo te gustaría que se recordara tu paso por la iglesia de Cristo? ¿Como alguien que contribuyó a su crecimiento y unidad, o como alguien que dejó heridas y divisiones? Esa pregunta nos confronta, porque todos, de una u otra forma, influimos en la vida del cuerpo de Cristo. En Hechos 6, la iglesia enfrentó una de sus primeras crisis. El problema parecía práctico —la distribución desigual de los alimentos—, pero en realidad revelaba algo más profundo: la necesidad de liderazgo sabio y espiritual. Los apóstoles, en lugar de centralizar todo el control, confiaron en la comunidad. Pidieron que se eligieran “siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría”. No eran necesariamente expertos en administración ni hombres influyentes, pero sí eran personas en quienes el carácter de Cristo era visible. Y el resultado fue notable: la iglesia sanó, la Palabra siguió creciendo y hasta los sacerdotes, antes escépticos, comenzaron a creer. No es casualidad que la iglesia crezca cuando está guiada por líderes llenos del Espíritu. El Señor bendice la fidelidad más que la fama, la obediencia más que la habilidad. Por eso, oremos para que en cada iglesia, en cada ministerio, Dios levante hombres y mujeres adecuados. Porque cuando el liderazgo refleja a Jesús… la Palabra crece, el pueblo se fortalece y el Reino avanza.
Dios y Padre, dirige a nuestros líderes por medio de tu Santo Espíritu y llénalos de sabiduría y buen testimonio para que tu iglesia siga creciendo. En Cristo Jesús, Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.