17 de abril del 2026
Hechos 13:1-12
MISIÓN GLOBAL
“Ministrando estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”. Hechos 13:2
El evangelio nunca fue un mensaje para quedarse en un solo lugar. Desde el principio, su destino fue el mundo entero. Y aunque hoy hablamos con naturalidad de misiones globales, con estrategias, presupuestos y planes bien organizados, el primer movimiento misionero comenzó de una manera mucho más sencilla… y mucho más poderosa. La iglesia de Antioquía no estaba planificando una campaña, sino adorando al Señor. Mientras servían, ayunaban y oraban, el Espíritu Santo habló. Él fue quien señaló a los misioneros, trazó la ruta y encendió la llama. Por eso algunos llaman a Hechos “los Hechos del Espíritu Santo”: porque es Él quien impulsa, dirige y sostiene la misión. La iglesia, por su parte, tuvo un papel esencial. No se aferró a sus mejores hombres, sino que los envió con oración, ayuno y obediencia. Así nació la primera misión global: una iglesia local, unida en adoración, respondiendo al llamado de Dios para alcanzar a las naciones. Esa es la clase de visión que las iglesias necesitamos recuperar: una mirada hacia afuera, confiando en que el Espíritu sigue levantando y enviando obreros hoy. Quizá el próximo Bernabé o Saulo esté en medio de nosotros, esperando que digamos lo mismo que aquella iglesia dijo hace siglos: “Apartadlos para la obra a la que los he llamado”. Porque el Espíritu sigue enviando, y la iglesia fiel sigue respondiendo.
Padre, levanta nuevos obreros que lleven tu mensaje a los lugares más apartados y necesitados de ti. Y toma en tus manos a quienes cumplen con esta gran labor. En Jesús, Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.