01 de abril del 2026
Lucas 22:1-6
EL PRECIO DE UN CORAZÓN DIVIDIDO
“Ellos se alegraron, y convinieron en darle dinero. Y él se comprometió, y buscaba una oportunidad para entregárselo a espaldas del pueblo”. Lucas 22:5-6
Hay decisiones que no se toman de un día para otro. Me pregunto cuánto tiempo estuvo Judas pensando en dar un paso como este. Traicionar a Jesús no fue un impulso repentino; algo venía gestándose en su corazón. La Biblia dice que Satanás entró en él, pero no debemos imaginar que ocurrió en un vacío. El enemigo suele trabajar con la basura que ya acumulamos dentro: ambiciones, resentimientos, expectativas frustradas. Judas había sido confrontado antes. Jesús había expuesto su falso interés por los pobres, su corazón dividido. Quizá ese fue el momento en que decidió ya no resistir más. Y entonces, casi como quien cruza una línea que hace tiempo veía frente a sí, tomó la decisión final: ofrecer a Jesús a los principales sacerdotes… a cambio de unas monedas. Lo más sorprendente no es el acto en sí, sino quién lo hace. Era parte del grupo íntimo de Jesús. Había caminado con Él, comido con Él, escuchado sus palabras, visto sus milagros. Sin embargo, todo ese privilegio no se tradujo en amor, devoción ni entrega. Se convirtió en oportunidad… para usar a Jesús a su favor. Judas buscó lo que podía obtener de Jesús. Jesús busca quienes están dispuestos a entregarle el corazón. Judas valoró más unas monedas que a su Maestro. Jesús, en cambio, valoró a sus discípulos al punto de entregar su vida por ellos.
Señor Jesús, quita la maldad que hay en mi corazón y renuévalo. Ayúdame a entregar mi vida por completo a tu servicio. Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.