22 de abril del 2026
Hechos 18:24-28
EL ARTE DE CORREGIR CON AMOR
“Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios”. Hechos 18:26
Apolos tenía todo para sobresalir: era elocuente, conocía bien las Escrituras y hablaba con pasión. No tenía temor de aprovechar cualquier lugar para predicar a Cristo a sus compatriotas. Pero aún le faltaba algo: una comprensión más completa del evangelio. Y ahí entran en escena Priscila y Aquila, una pareja que entendió que el ministerio no consiste solo en hablar, sino también en formar. Cuando escucharon a Apolos, no lo avergonzaron públicamente ni lo criticaron por sus errores. En lugar de eso, lo tomaron aparte y le enseñaron con paciencia “más exactamente el camino de Dios”. Esa es la diferencia entre quienes quieren tener la razón y quienes quieren formar discípulos. El resultado fue poderoso: Apolos llegó a ser uno de los grandes predicadores del Nuevo Testamento, y su ministerio tuvo un impacto duradero. Todo porque alguien tuvo la humildad de aprender, y otros la gracia de enseñar. Hoy la iglesia sigue necesitando ese mismo espíritu: corazones dispuestos a aprender y manos dispuestas a guiar con amor. Es cierto que hay muchos predicadores que necesitan una mayor instrucción en el evangelio, pero no se gana nada para el reino usando las redes para exhibirlos. Sigamos el ejemplo de Priscila y Aquila. Corrijamos con ternura, enseñemos con gracia y recordemos que el objetivo no es ganar debates, sino ganar hermanos para el reino.
Señor, dame un corazón dispuesto a aprender y ser corregido. Y si se presenta la oportunidad, dame la sabiduría para instruir a otros en tu nombre. Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.