23 de abril del 2026
Hechos 20:7-12
CUANDO EL TIEMPO NO ALCANZA
“El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba… y alargó el discurso hasta la medianoche”. Hechos 20:7
“Oren para que podamos ser como ustedes”, fue la petición de unos creyentes de China que habían viajado un día entero para escuchar unas conferencias sentados en el suelo. “No puedo orar así”, fue la respuesta del predicador invitado. “En mi país, si la gente tiene que viajar más de una hora, o si el culto dura más de una hora simplemente no van”. ¿Pasa algo parecido en donde usted se congrega? La mayoría de nuestras conversaciones, reuniones y hasta oraciones parecen tener reloj. Siempre hay algo que sigue, algo que no puede esperar. Y sin embargo, hay cosas que solo suceden cuando aprendemos a detenernos. En Troas, los creyentes se reunieron el primer día de la semana para partir el pan y escuchar la enseñanza de Pablo. Era su última noche con ellos, y el apóstol no tenía prisa. Habló “largamente hasta la medianoche”, y luego, después del incidente con el joven Eutico, siguió hablando hasta el amanecer. En este tiempo queremos sermones breves, consejos exprés y respuestas rápidas. Pero las verdades profundas del evangelio no crecen a la velocidad de una agenda moderna. El discipulado requiere tiempo, presencia, escucha, comunidad. Eutico se durmió, sí, pero al final todos fueron “grandemente consolados”. Porque cuando la iglesia se reúne alrededor de la Palabra —aunque el tiempo se alargue—, Dios siempre tiene algo más que decirnos.
Oh Dios, dame la paciencia para escuchar tu voz y aprender más de Ti. Que mi corazón valore el mensaje que tienes para mí. En Jesús, Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.