27 de abril del 2026
Hechos 24:1-27
TODA ESCRITURA
“Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas”. Hechos 24:14
Pablo está frente a un tribunal. Lo acusan de ser parte de una secta peligrosa, de alterar las tradiciones y de predicar un mensaje subversivo. Pero él no se avergüenza. Con serenidad, confiesa: “Según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres”. Qué declaración tan poderosa. Pablo no niega sus raíces; al contrario, las afirma. Él no cambió de Dios, sino que conoció su plenitud en Cristo. No abandonó la fe de sus padres, sino que la vio cumplida en Aquel de quien hablaban la Ley y los Profetas. Lo que para algunos era escándalo o locura, para él era la verdad más gloriosa. Ese “Camino” que los demás despreciaban era para Pablo la senda de la vida. Y aunque el mundo lo tildara de hereje, él sabía que no hay vergüenza en seguir al Mesías crucificado. Quizá hoy también ser discípulo de Cristo parezca ir contra la corriente. Pero como Pablo, podemos mantenernos firmes y decir: “Así sirvo al Dios de mis padres”. No necesitamos reconocimiento, solo fidelidad. Porque mientras muchos siguen caminos de apariencia, nosotros seguimos al Camino que lleva a la vida: Jesús. ¿Estás caminando realmente en ese Camino? ¿Tu fe es firme aunque el mundo no la entienda? Pídele al Señor que te dé la convicción y la valentía de confesar con tu vida lo mismo que Pablo declaró con sus palabras: “Así sirvo al Dios de mis padres”.
Fortalece mi fe y mi convicción, oh Dios. Llena mi corazón del deseo de mostrar al mundo que he decidido servirte. En el nombre de Cristo Jesús. Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.