29 de abril del 2026
Hechos 27:9-26
FE EN MEDIO DE LA TORMENTA
“Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho”. Hechos 27:25
Muchas veces hablamos de “tormentas” en la vida, aunque nunca hayamos estado literalmente en una. Aun así, entendemos lo que significan: peligro, amenaza, incertidumbre y riesgo. Pero qué hermoso es tener una palabra de Dios que nos asegura que todo va a estar bien, que llegaremos a buen puerto, que Él todavía nos tiene en sus planes. Eso fue lo que experimentó Pablo mientras era llevado prisionero rumbo a Roma. A pesar de haber advertido que la navegación no era segura, los encargados prefirieron escuchar a los expertos. El resultado fue inevitable: una tormenta que parecía no tener fin. Lucas lo describe con una frase que encoge el corazón: “Ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos”. Fue entonces cuando la figura de Pablo se alzó en medio del caos. No era el capitán ni el soldado más valiente, pero era el único que tenía una palabra de Dios. “Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo”. En medio del naufragio, Dios no prometió ausencia de problemas, sino esperanza. El barco se perdería, sí, pero no las vidas. La tormenta no desaparecería, pero la fe de uno sostendría a todos. Así actúa Dios: en los momentos en que todo parece hundirse, Él levanta hombres y mujeres que creen, que escuchan su voz y se atreven a decir: “Tened buen ánimo…”.
Padre celestial, llena nuestros corazones de esperanza y confianza en Ti. Ayúdanos a creer en que nos levantarás aún en el momento más adverso. En Jesús oramos, amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.