03 de abril del 2026
Lucas 23:1-25
BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO
“Y Pilato dijo a los principales sacerdotes y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre”. Lucas 23:4
El Credo de los Apóstoles menciona a Poncio Pilato como una figura clave en la pasión de Cristo: “padeció bajo el poder de Poncio Pilato”. El procurador romano ocupó un lugar central en el juicio más injusto de la historia. Y los evangelios son claros: Pilato sabía que Jesús era inocente. Intentó liberarlo de varias maneras. Lo envió a Herodes, lo propuso para ser liberado en la fiesta, incluso sugirió azotarlo y dejarlo ir. Pero al final, eligió lavarse las manos. Y en ese gesto selló la sentencia de muerte del Hijo de Dios. ¿Cómo puede un juez, convencido de la inocencia de su acusado, condenarlo a muerte? La respuesta es simple: por miedo. Pilato temía perder su cargo y su reputación ante César. Cedió a la presión. Eligió conservar el poder… y perdió su alma. Y, sin embargo, incluso bajo el poder de Poncio Pilato, Jesús seguía siendo soberano. No era un prisionero de Roma, sino el Cordero de Dios que voluntariamente se entregaba. Ni Pilato ni los líderes religiosos tenían el control real de la historia: Dios lo tenía. Aun la injusticia más grande se convirtió en el escenario de la redención. Vivimos tiempos donde, como Pilato, muchos saben lo que es justo pero temen al qué dirán, al costo, al rechazo. Aman más la aprobación del mundo. Pilato se lavó las manos, pero no la conciencia. Jesús, en cambio, se entregó… y con su sangre lavó las nuestras.
Señor, perdóname si a causa del miedo he tomado decisiones equivocadas y he herido a otros. Dame la valentía para hacer el bien y actuar con justicia. En tu nombre, Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.