12 de abril del 2026
Hechos 8:26-40
CORAZONES Y MENSAJEROS DISPUESTOS
“Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees?”. Hechos 8:30
No todas las personas que aún no conocen a Cristo viven ajenas al mensaje del evangelio. Algunos, como el funcionario etíope de este pasaje, ya tienen inquietudes espirituales, leen las Escrituras, oran, buscan… pero todavía hay cosas que no logran entender. En su corazón hay preguntas, y lo único que falta es alguien dispuesto a acompañarlos en el camino. Felipe era ese alguien. El Espíritu lo guio hasta un lugar desierto, lejos de la multitud, para encontrarse con un solo hombre. Y lo encontró leyendo al profeta Isaías, justo en el pasaje que anunciaba al Mesías sufriente. ¡Qué momento providencial! Pero la clave está en la pregunta de Felipe: “¿Entiendes lo que lees?”. No fue una confrontación, sino una invitación a conversar. El evangelismo no comienza con sermones largos, sino con corazones atentos y preguntas que llegan al corazón. El etíope respondió con humildad: “¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?”. Entonces Felipe se sentó junto a él, abrió las Escrituras y le habló de Jesús. A veces el Espíritu también nos impulsa a hablar con una persona específica, a hacer una llamada, a compartir una palabra en el momento justo. Y tal vez —sin que lo sepamos— esa oportunidad no se repetirá. Por eso, como Felipe, debemos estar listos: listos para escuchar la voz del Espíritu, listos para explicar la Palabra, listos para hablar de Cristo.
Prepárame, Señor, para hablar de Ti con sencillez y claridad. Dame palabras sabias y un corazón dispuesto a enseñar. En tu nombre, Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.