11 de abril del 2026
Hechos 7:51-60
PUESTOS LOS OJOS EN JESÚS
“Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios”. Hechos 7:55
¿Qué ve usted cuando la hostilidad se levanta en su contra por causa de Cristo? ¿Mira al conflicto o mira a Jesús? Esteban, el primer mártir de la iglesia, se encontró rodeado de una multitud enfurecida, cegada por la ira. En medio de ese caos, no perdió la calma ni la fe. Levantó su mirada. Y lo que vio fue sorprendente. Mientras la tierra lo rechazaba, el cielo se abría para recibirlo. Su mirada no se quedó en las piedras, sino en el Salvador. No vio la furia de sus enemigos, sino el rostro de su Señor. Y eso bastó para sostenerlo hasta el final. No parece un mensaje popular hoy. Vivimos en una cultura que prefiere un evangelio cómodo, sin sufrimiento ni oposición. Pero Esteban nos recuerda que la fe verdadera no huye del conflicto, sino que brilla en medio de él. Es en la adversidad cuando la fe se eleva, cuando aprendemos a ver más allá del dolor y a descansar en la gloria de Dios. La muerte de Esteban no fue una derrota; fue un estímulo para la iglesia naciente. Su ejemplo encendió la fe de toda una generación de creyentes. Su mirada al cielo es un testimonio de que Cristo sigue en su trono. Y ese sigue siendo nuestro desafío hoy: mantener los ojos en Jesús cuando la presión aumenta, cuando la fe cuesta. ¿Estamos listos para mantener la pureza y la fidelidad hasta el fin? ¿Seguiremos mirando a Cristo cuando el mundo nos mire con desprecio?
Señor Jesús, enséñame a levantar mi mirada hacia Ti cuando todo parezca en mi contra. Dame la fe y convicción para permanecer siempre firme en Ti. Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.