15 de abril del 2026
Hechos 11:19-26
LOS PRIMEROS “CRISTIANOS”
“Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús”. Hechos 11:20
¿Se ha dado cuenta de algo? El momento en que el evangelio comienza a cruzar fronteras y alcanzar a los gentiles no fue liderado por un apóstol, ni por una gran estrategia misionera. No hubo una cruzada planificada ni un evento organizado con recursos o publicidad. Fue el fruto de creyentes anónimos, hombres y mujeres perseguidos que, aun en medio del dolor y la incertidumbre, no dejaron de hablar de Cristo. Qué escena tan sorprendente: mientras otros huían por salvar la vida, ellos sembraban el evangelio en tierras extranjeras. Y lo hicieron sin saber que estaban abriendo una puerta histórica. Antioquía —una ciudad cosmopolita, llena de contrastes culturales y étnicos— se convirtió en el lugar donde el evangelio se mezcló con los acentos del mundo. Era como una probadita del cielo: gente distinta, unida por un mismo Señor. No sorprende, entonces, que allí se les llamara cristianos por primera vez. Hasta ese momento, los seguidores de Jesús eran conocidos por muchos nombres: discípulos, creyentes, los del Camino… Pero en Antioquía recibieron un título que hasta hoy nos identifica: cristianos —los que pertenecen a Cristo, los que reflejan su nombre y su vida. Quizá nunca sabremos los nombres de aquellos primeros evangelistas de Antioquía… pero su legado vive en cada uno de nosotros que, siglos después, seguimos llevando el mismo nombre: cristianos.
Gracias Señor, por aquellos que han compartido su testimonio y su fe a través de los tiempos. Ayúdame a anunciar el evangelio con amor y valentía. Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.