16 de abril del 2026
Hechos 12:1-17
ORACIÓN SIN CADENAS
“Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel!”. Hechos 12:15
A veces la fe de la iglesia tiene momentos curiosos. En este pasaje, Pedro ha sido encarcelado por Herodes. Las medidas de seguridad son extremas: guardias, cadenas y puertas cerradas. Nadie escapa de allí… salvo que Dios intervenga. Y eso fue precisamente lo que ocurrió. En medio de la noche, un ángel del Señor lo libera. Las cadenas caen como si fueran de papel, las puertas se abren solas, y Pedro, mismo se sorprende de la manera tan “sencilla” que logra su libertad. Ya libre, se dirige a la casa donde los creyentes están reunidos orando intensamente por él. Pero cuando la respuesta llega, no la reconocen. Una joven llamada Rode escucha que Pedro toca la puerta y corre a anunciarlo. Su alegría es tanta que olvida abrir. “¡Pedro está libre!”, exclama. Y los demás, que habían pasado la noche orando justamente por eso, le responden: “¡Estás loca!”. Es una escena casi cómica, pero que dice mucho. Creían en la oración… pero no estaban preparados para la respuesta. Esperaban que Dios actuara, pero no de una manera tan rápida, y sobrenatural. Rode, en cambio, simplemente creyó. Y a través de ella, Dios les dio una lección de fe. ¿Cuántas veces oramos sin esperar realmente que Dios intervenga? ¿Y cuántas veces la gente sencilla nos da una lección de fe con su disposición a confiar en que Dios actúa de maneras insospechadas?
Aumenta mi fe, buen Dios, y prepárame para recibir tu respuesta a mis oraciones. Dame plena confianza en que sigues actuando de formas extraordinarias. Por amor de Jesús, Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.