20 de abril del 2026
Hechos 16:1-11
CUANDO DIOS DICE “NO”
“Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia”. Hechos 16:6
A primera vista, suena extraño, ¿verdad? ¿Cómo podría el Espíritu Santo oponerse a que se predique la Palabra? ¿No es precisamente eso lo que Jesús mandó en la Gran Comisión? Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió. Pablo y sus compañeros —Timoteo, Silas y posiblemente Lucas— estaban listos para continuar su labor evangelística, pero Dios cerró la puerta. El texto no dice cómo, solo que el Espíritu “les prohibió hablar la palabra en Asia”. Y eso bastó. No se trataba de un castigo, sino de una redirección divina. Dios los estaba guiando hacia algo más grande. Y mientras esperaban en un lugar llamado Troas, el Señor les mostró lo que tenía en mente: “Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos”. Ese llamado marcaría un antes y un después en la historia de la iglesia. Pasar a Macedonia significaba cruzar de Asia a Europa, entrar en una nueva cultura y llevar el evangelio a ciudades que hoy son nombres familiares: Filipos, Tesalónica, Corinto, Atenas. Lo que parecía una negativa fue, en realidad, el comienzo de una expansión mundial. A veces Dios también nos detiene. Cierra puertas que queríamos cruzar, cambia planes que parecían perfectos o guarda silencio cuando esperábamos un “sí”. Pero sus negativas nunca son un error. Son parte de su guía.
Dios nuestro, ayúdanos a confiar en tu guía y dirección. Haznos obedientes y dispuestos aun cuando nuestros planes cambien. En el nombre de tu Hijo, Jesucristo. Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.