21 de abril del 2026
Hechos 17:16-34
EL DIOS NO CONOCIDO
“Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos”. Hechos 17:22
Imagina a Pablo llegando a Atenas, la joya intelectual del mundo antiguo. Las estatuas de los dioses adornaban cada calle, y el aire olía a incienso y filosofía. Pero mientras otros visitantes se maravillaban ante tanta cultura, Pablo sintió dolor: su espíritu se turbó al ver una ciudad llena de religiosidad, pero sin conocimiento del Dios verdadero. Pronto un grupo de filósofos lo rodearon al escuchar sus ideas religiosas novedosas. Intrigados, lo llevaron al Areópago, el lugar donde se debatían las ideas más elevadas de su tiempo. Y entonces, no comenzó atacando, sino acercándose. “Veo que son muy religiosos… porque al pasar vi un altar con esta inscripción: Al Dios no conocido”. A partir de ese altar, les habló del Dios que ellos buscaban sin saberlo. Con palabras sencillas, transformó el centro del pensamiento humano en un púlpito del evangelio. Su ejemplo sigue siendo una lección para nosotros. En medio de una sociedad llena de “altares modernos” —al éxito, al placer, al poder—, el creyente está llamado a mirar su entorno con compasión, no con condena. Dios aún busca hombres y mujeres que, como Pablo, usen su voz, su cultura y su testimonio para revelar al único que puede llenar el vacío del corazón humano: Jesucristo, el Dios que antes era desconocido, pero que hoy quiere ser conocido.
Ayúdame a identificar , Padre, cuando la fe se vuelve simple religiosidad. Dame la humildad y el amor para hablar del Cristo verdadero. En quien oramos, amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.