18 de abril del 2026
Hechos 14:8-18
SOMOS SIMPLEMENTE HOMBRES
“Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque este era el que llevaba la palabra”. Hechos 14:12
Nunca se sabe cómo reaccionará la gente que escucha el evangelio por primera vez. Algunos lo rechazan abiertamente, otros lo quieren mezclar con sus antiguas creencias. Eso fue exactamente lo que pasó en Listra. Pablo y Bernabé acababan de ser instrumentos de un milagro asombroso: un hombre cojo, de nacimiento, se levantó y caminó. La multitud, atónita, concluyó que los dioses habían bajado a la tierra. A Bernabé lo llamaron Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque era el que hablaba. Lo que comenzó como un acto de fe terminó siendo un intento de idolatría. Y aquí se revela la madurez espiritual de estos hombres: no aceptaron de la gloria que solo pertenece a Dios. En una época como la nuestra, donde muchos buscan fama espiritual o reconocimiento, este pasaje nos confronta. Porque la tentación de ser admirados puede disfrazarse de piedad. Y cuando la iglesia se acostumbra a aplaudir a las personas, el mensaje del evangelio pierde su fuerza. Pablo y Bernabé reaccionaron con urgencia. Rasgando sus ropas, gritaron: “¿Por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo”. Ellos sabían que la fe cristiana no puede ser domesticada ni adaptada a las categorías del mundo. Y que toda gloria, toda honra y todo mérito deben regresar al único que la merece: el Dios vivo.
Dios nuestro, hazme un siervo fiel que reconozca que sólo Tú mereces ser glorificado. Dame la humildad para servir en tu nombre. Por Cristo, nuestro Salvador. Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.