19 de abril del 2026
Hechos 15:1-11
AL PIE DE LA CRUZ
“Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos”. Hechos 15:11
La reunión del concilio de Jerusalén marcó un momento decisivo para la historia de la iglesia. Todo giraba en torno a una sola pregunta: ¿es la fe en Cristo suficiente para la salvación, o hay que añadir algo más? Y la respuesta fue clara: La salvación es por gracia, por medio de la fe en Cristo… y nada más. Esa verdad sigue siendo el corazón del evangelio. Sin embargo, no siempre la aceptamos fácilmente. Por naturaleza, tendemos a pensar que tenemos que “aportar algo”: nuestras obras, nuestra devoción, nuestra buena conducta. En el fondo, todos tenemos un pequeño fariseo en recuperación dentro de nosotros, que quiere ayudarle un poco a Dios en su obra de salvación. Pero la gracia no necesita ayudantes. Solo necesita corazones que crean y descansen en Cristo. Pablo lo entendió muy bien, y dedicó su vida a defender esa verdad. No porque fuera una cuestión teológica sin importancia, sino porque de eso dependía la libertad del alma. Cualquier evangelio que le sume algo a la gracia, termina por quitarle poder a la cruz. Así que, cuando mire a otro creyente que no adora como usted, que ora distinto o canta diferente, recuerde esto: la gracia que lo salvó a usted también lo salvó a él. Al pie de la cruz, el terreno es igual de plano para todos. Y si Dios no hace distinción en su amor, ¿por qué habríamos de hacerla nosotros?
Gracias, Señor, por recordarme que todos hemos sido salvados por tu gracia sin distinción alguna. Que tu amor se vea reflejado en la forma que veo a mis hermanos. En Jesús, Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.