24 de abril del 2026
Hechos 20:17-31
EL REBAÑO ES DE CRISTO
“Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño”. Hechos 20:29
El ministerio cristiano a veces puede parecer una tarea inútil. Imagínese a Pablo, que durante tres años en Éfeso cuidó del rebaño “día y noche, con lágrimas”, sin escatimar esfuerzos ni riesgos. Y al despedirse, tiene que advertirles que, después de su partida, entrarán lobos rapaces que no tendrán compasión. A cualquiera eso podría llenarlo de desaliento o frustración. Pero Pablo no se queda en la tristeza. Recuerda quién lo llamó y qué misión le fue encomendada. Esa certeza sostiene a todo siervo fiel: ver la gracia de Dios obrando en aquellos a quienes servimos, saber que Cristo no dio su vida en vano. Los lobos seguirán al acecho —eso Jesús mismo lo advirtió—, pero la respuesta no es el miedo, sino la diligencia. Por eso, cada generación necesita hombres y mujeres que estén dispuestos a cuidar el rebaño, a velar por la verdad y a servir con amor. Y cuando el cansancio o la frustración toquen la puerta, recordemos que el rebaño no es nuestro: es de Cristo. Él fue quien lo compró con su sangre, y Él mismo lo guarda. Nosotros solo somos sus pastores temporales, llamados a cuidar con ternura lo que le pertenece a Él. Y un día, cuando el Buen Pastor aparezca, recompensará con gozo a los que no se rindieron. Porque al final, toda vigilancia, toda lágrima y todo esfuerzo valdrán la pena al ver su rebaño seguro en sus manos.
Señor Jesús, no permitas que me desanime al cumplir con mi propósito como hijo tuyo. Dame la fidelidad para no permanecer firme aún si el enemigo acecha. Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.