25 de abril del 2026
Hechos 21:1-16
DISPUESTO A TODO
“¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no solo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús”. Hechos 21:13
El apóstol Pablo quizá no tendría cabida entre muchos que hoy se llaman apóstoles. Su misión no se sostuvo en hoteles de lujo, ni en giras cuidadosamente programadas, ni en un evangelio centrado en el éxito personal. Y con la misma franqueza, es probable que muchos de los “apóstoles” modernos tampoco hubieran tenido lugar en el tiempo de Pablo. Cuando los hermanos intentaron disuadirlo de ir a Jerusalén, no lo hicieron por cobardía ni por teología equivocada. Lo amaban, y no querían perder a un siervo tan valioso. Pero Pablo no se dejaba mover por el miedo ni por la comodidad. Su corazón estaba decidido: por Cristo estaba dispuesto a todo. No se trataba de un deseo de sufrir, sino de una convicción: Cristo lo valía todo. Aquel que le había cambiado la vida también había cambiado su escala de valores. Las cosas que antes consideraba ganancia, ahora le parecían basura, con tal de ganar a Cristo. El llamado del discipulado sigue siendo el mismo. Tomar la cruz no es una sugerencia, es la marca del verdadero seguidor de Jesús. Quien no vive con eso en mente, no ha entendido lo que significa seguirle; no es digno de Él. Y aunque el mundo admire el éxito, Dios sigue buscando corazones dispuestos —no a triunfar, sino a obedecer; no a brillar, sino a entregar la vida por amor a Aquel que la entregó primero.
Señor, dame un corazón dispuesto a tomar tu cruz y cumplir con lo que me has encomendado. Que el temor no doblegue mi fe. Te lo pido, Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.