06 de abril del 2026
Hechos 1:6-11
MIENTRAS JESÚS REGRESA
“…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Hechos 1:8
Estas fueron las últimas palabras de Jesús antes de ascender al cielo. Y su encargo es muy claro y sencillo: ser testigos. En pocas palabras, eso define a la iglesia. Todo lo demás —los programas, los templos, la estructura— tiene sentido solo si está al servicio de esa misión. Y lo que Jesús encarga no es algo pequeño. Es una misión mundial. “Hasta lo último de la tierra” suena abrumador, especialmente para aquel grupo reducido de discípulos que todavía estaban asimilando la partida de su Maestro. ¿Cómo podrían ellos —pescadores, hombres comunes, sin poder ni recursos— llevar un mensaje tan grande a todo el mundo? La respuesta está en la primera parte del versículo: “Recibiréis poder…”. No es poder humano, ni político, ni económico. Es el poder del Espíritu Santo, que vendría para llenar, sostener y guiar a la iglesia en su tarea. Jesús no los envía solos. Les promete su presencia viva a través del Espíritu. Y puedes estar seguro que el Espíritu que impulsó a los primeros discípulos sigue obrando en nosotros, encendiendo corazones, sosteniendo a quienes proclaman el evangelio, dando valor a los que dan testimonio en medio de la oposición. El poder no ha disminuido. La misión tampoco ha cambiado. Por eso, la mejor manera de esperar el regreso de Cristo no es quedarnos mirando al cielo, sino ponernos en marcha en su misión.
Padre celestial, ayúdanos a cumplir con esta importante tarea. Llénanos con tu Espíritu y guíanos a testificar hasta lo último de la tierra. En el nombre de Jesús, Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.