07 de abril del 2026
Hechos 2:36-47
EL EVANGELIO SIEMPRE ABRE UNA PUERTA
“Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”. Hechos 2:36
¡Qué manera de terminar el primer sermón de la iglesia cristiana! Pedro no suaviza su mensaje ni busca agradar a su audiencia. Habla con valentía y poder, declarando que aquel Jesús que ellos rechazaron y llevaron a la cruz ha sido exaltado por Dios como Señor y Mesías. Resulta asombroso que quien pronuncia estas palabras sea el mismo Pedro que, pocas semanas antes, había negado conocer a Jesús por miedo. ¿Qué cambió a este discípulo temeroso en un testigo tan valiente? Dos cosas: vio a Cristo resucitado y fue lleno del Espíritu Santo. Y esas mismas dos realidades siguen siendo hoy la fuente de poder y esperanza para la iglesia. Ver al Cristo resucitado —por medio de la fe— y experimentar el poder del Espíritu es lo que transforma a creyentes comunes en testigos extraordinarios. Pero el mensaje de Pedro no termina con acusación ni condena. Aun para quienes participaron directamente en la crucifixión de Jesús, Pedro ofrece gracia y perdón. El evangelio siempre abre una puerta. Lo que comenzó con culpa y tristeza termina en restauración y vida nueva. Pedro no predica solo para señalar el pecado, sino para anunciar que la gracia de Dios triunfa sobre la desgracia humana. Ese día, miles creyeron, y una nueva comunidad nació: una iglesia viva, humilde y llena del Espíritu, lista para extender la buena noticia del Reino.
Gracias Señor, por darnos de tu divina gracia. Hazme un testigo humilde y fiel de Jesús que lleve lleve las buenas nuevas de salvación al necesitado. En Cristo Jesús, Amén.
El libro de los Hechos no es un relato cerrado, sino una historia que sigue viva. Comienza con un pequeño grupo de creyentes en Jerusalén y se expande, por obra del Espíritu Santo, hasta los confines del mundo. No es la historia de grandes héroes, sino la de un Dios que usa a personas comunes para cumplir un propósito extraordinario. Hechos nos recuerda que la iglesia no es un monumento, sino un movimiento. No somos espectadores de lo que Dios hizo, sino participantes de lo que Dios está haciendo hoy. En estas páginas, que comienza con los últimos capítulos de Lucas, veremos al Espíritu guiando, fortaleciendo y renovando a su pueblo en medio de toda circunstancia. Y comprenderemos que ese mismo poder sigue actuando en nosotros. Cada creyente, cada congregación, escribe un nuevo capítulo de esta historia. Por eso pedimos, como la iglesia primitiva: “Señor, concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Porque el Espíritu que los impulsó a ellos… es el mismo que hoy nos impulsa a nosotros.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.